Bolivia vive la anidación anual de tortugas más grande de Sudamérica

Se trata de una maravilla de la naturaleza que se repite cada año en el río Iténez/Guaporé, situado en la frontera entre Bolivia y Brasil

Es un evento de dimensiones mundiales y que solo ocurre en el río Iténez, compartido con Brasil, donde miles de tortugas dejan sus huevos en la playa mientras conservacionistas los protegen de su mayor depredador: el hombre.

Este evento de anidación de tortugas de agua dulce es el más importante del mundo y se podrá ver en vivo desde hoy hasta el jueves gracias a Wildlife Conservation Society (WCS) o Sociedad de Conservación de la Vida Silvestre.

Se trata de una maravilla de la naturaleza que se repite cada año en el río Iténez/Guaporé, situado en la frontera entre Bolivia y Brasil, mientras miles de tortugas gigantes de río sudamericanas (Podocnemis expansa) o tartarugas se reúnen en los bancos de arena para poner cientos de miles de huevos.

La WCS hará la retransmisión en directo los días 27, 28 y 29 de septiembre (martes, miércoles y jueves) a través del link: https://www.wcs.org/turtles-live. Este fenómeno natural de anidación anual es la mayor concentración de individuos de esta especie y muy probablemente la mayor concentración de este tipo entre las tortugas de agua dulce a nivel mundial que se desarrolla en la provincia Iténez, del departamento de Beni, Bolivia.

Una grabación de las tres mañanas estará disponible en el mismo enlace. WCS está colaborando con Real Life Delivered para transmitir en vivo este fenómeno natural. El evento de anidación tiene lugar en los bancos de arena del río conocido como Guaporé, en Brasil, e Iténez, en Bolivia.

Las tortugas gigantes abandonan la seguridad del agua para desovar en tierra firme.

La anidación masiva es una maravilla de la naturaleza y un proceso esencial para la ecología de este increíble río. Los cientos de miles de crías producen alimento y biomasa para otras especies acuáticas y terrestres, a tiempo de contribuir con la cadena alimentaria del río. Durante noviembre y diciembre de cada año, cientos de miles de crías emergen en libertad buscando las aguas del río.

“Este evento es único porque en el Iténez, en Bolivia, y el Guaporé, en Brasil, es el área donde está la mayor cantidad de la población de tartarugas a nivel de Sudamérica, es lo que se ha encontrado, según un estudio en un artículo científico que se realizó en 2019”, explicó el biólogo Enrique Domic Rivadeneira, herpetólogo que trabaja con el sistema de información geográfica y biodiversidad para WCS Bolivia.

La WCS combina los esfuerzos de sus programas nacionales en Bolivia y Brasil para desarrollar un impulso multinacional coordinado para conservar esta población clave de la gran tortuga de río sudamericana, que solía contar con millones de ejemplares, pero su población ha ido disminuyendo debido a la sobreexplotación y comercialización ilegal de esta especie para el aprovechamiento de su carne, huevos y restos para la producción de aceite.

Los conservacionistas de la WCS están trabajando para proteger a la tortuga en colaboración con la ONG brasileña Ecovale, la comunidad de Versalles en Bolivia, organismos medioambientales de ambos países y la población local.

Las tortugas cavan sus nidos para desovar entre 26 y 184 huevos.

Domic indicó que durante la época de desove es importante mantener cierta cautela cuando se pasa por las áreas de desove, por las playas para los visitantes y locales, y especialmente para los pescadores que con las lanchas perturban a las tortugas.

Se realiza el control de las áreas protegidas en época de desove, a través de diferentes entidades como la Armada Boliviana, principalmente para evitar la colecta de huevos y hembras, porque cuando están desovando son muy vulnerables para ser cazadas ya sea por jaguares, caimanes negros o el humano.

“Ahora, el Iténez es uno de los lugares con la mayor población de Podocnemis expansa o tartaruga, también hay otros lugares muy importantes en el país como en el río Mamoré”, dijo Domic.

Como el evento de anidación está teniendo lugar ahora, los colaboradores están protegiendo los huevos de los cazadores furtivos, haciendo un censo de las hembras que anidan y recogiendo otros datos que ayudarán a informar un plan de conservación para la especie, según la WCS.

El consumo

Lamentablemente, hay otro tema debajo de la mesa que deja un gran sinsabor, ya que muchas tortugas y sus huevos son usados como alimento exótico.

La Constitución Política del Estado y la Ley 300 Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral para Vivir Bien reconocen el consumo para la autosubsistencia de las comunidades indígenas, que para Domic es importante porque esta especie siempre fue parte de la alimentación de las comunidades y son consideradas como parte de su seguridad alimentaria.

“Pero esto conlleva una responsabilidad, no es consumir grandes cantidades, es consumir lo que uno necesita para la mesa o la familia, a veces la gente no conoce el límite entre lo legal como el consumo, pero cuando uno empieza a vender estas especies entra en la ilegalidad y ya se constituye en tráfico de vida silvestre”, explicó.

Según la normativa, si una institución o una comunidad quiere comerciar biodiversidad debe tener un plan de manejo con un estudio que debe estar avalado por la autoridad ambiental competente que es parte del Ministerio de Medio Ambiente y Agua, en este caso es el plan de manejo que estipula cuánto uno puede extraer para la venta sin afectar a la población y esto hace que sea sustentable a lo largo del tiempo.

Según el biólogo especializado en herpetología Álvaro J. Aguilar Kirigin, el tráfico ilícito se efectúa principalmente por la demanda de los huevos de tortuga, su carne y el aceite.

Álvaro J. Aguilar Kirigin, biólogo especializado en herpetología, con una peta.

“El aceite se usa de forma medicinal y como es una tortuga grande pone una cantidad interesante de huevos; entonces, se obtiene una buena cantidad de aceite y carne”, indicó.

La depredación del humano llegó a números inimaginables, ya que se extraen miles de huevos al año diezmando la población. Se estima que el año pasado 70 mil petas o tortugas gigantes desovaron en la ribera del río. Este año se espera un espectáculo similar con la protección de biólogos, conservacionistas y amantes de la naturaleza, que se dieron cita al lugar para cuidar a la indefensa tortuga y a sus huevos.

Peta gigante o tartaruga (Podocnemis expansa)

La tartaruga es la tortuga más grande de Bolivia, según el portal conservation.org. Pesa entre 15 y 60 kilos, su caparazón llega a medir entre 50 y 90 cm, es ovalado, ancho, plano y muy expandido posteriormente, en los machos es de color café-grisáceo muy oscuro. Sus patas son completamente palmeadas.

La peta gigante se distribuye en los departamentos de Beni, Cochabamba, La Paz, Pando y Santa Cruz. Está presente en las ecorregiones de sudeste de la Amazonia y las sabanas inundables, a una altitud de 200 m.

Al ser principalmente frugívoras, herbívoras y, en algunos casos, omnívoras, estas tortugas son importantes dispersoras de semillas en los bosques inundados amazónicos. Las adultas son solitarias, acuáticas, difíciles de observar y habitan en ríos grandes y profundos; son gregarios durante la temporada de reproducción, congregándose en grupos de desovadoras en determinadas playas en la estación más seca del año (septiembre a noviembre), donde se asolean para acelerar la maduración de sus huevos. Ponen entre 26 y 184 huevos en una nidada por año, los mismos que eclosionan después de 42 a 68 días.

Lastimosamente, esta especie se encuentra en peligro de extinción.

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