García Linera: “Bolivia ya no se puede gobernar sin los pueblos indígenas”

|| El exvicepresidente habla del primero de varios oleajes de protestas sociales contra el gobierno, condicionados por los ciclos agrícolas.

La Paz, 14 de junio (ANV).- El exvicepresidente Álvaro García Linera publicó un análisis en el que sostiene que “Bolivia ya no se puede gobernar sin los pueblos indígenas”, tras señalar que tres agresiones —el incremento de combustibles, la “gasolina basura”, la sensación de “traición” por parte del gobierno de Rodrigo Paz y la descalificación del período 2006-2019— desencadenaron una “rebelión indígena y campesina” que mantiene bloqueadas las carreteras del occidente del país.

García Linera señaló que la primera agresión fue “la subida de los precios de los combustibles que se habían mantenido subvencionados durante 20 años. De un día para el otro, la gasolina se incrementó un 87%, en tanto que el diésel subió un 163%”. Añadió que “la gasolina que importó el gobierno era literalmente basura, con porcentajes de carbonilla varias veces superiores a las normales que arruinaron los motores de cientos de miles de usuarios”.

El exvicepresidente identificó una “sensación de traición” como segundo factor. Recordó que Paz ganó las elecciones “con apoyo popular por descarte de última hora, a modo de impedir que el candidato ultraderechista de las oligarquías, Quiroga, se hiciera con el gobierno”. Sin embargo, una vez posesionado, “se suprimieron los impuestos a las grandes fortunas y se buscó promover la venta de las pequeñas propiedades campesinas”. “El voto popular, que había ganado las elecciones, ahora estaba expulsado de la toma de decisiones”, afirmó.

El tercer factor fue la descalificación del período 2006-2019, en el que “los pueblos indígena y campesinos habían experimentado por primera vez en siglos el reconocimiento de ciudadanía”, accedieron masivamente a cargos públicos y el 30% de la población salió de la pobreza. Ese período fue calificado por el gobierno como “barbarie” o “prebenda”, lo que generó “una ruptura moral entre los sectores populares y el gobierno”.

Sobre la dinámica de las protestas, García Linera señaló que “la verdadera fuerza venía de las comunidades campesinas aymaras y los barrios periurbanos de la ciudad de El Alto. No procedía de un mando centralizado ni de un líder visible”. Los bloqueos emergían regionalmente, fruto de asambleas provinciales, paralizando todas las carreteras que conectan La Paz, El Alto, Oruro y Potosí con el resto del territorio.

El exvicepresidente advirtió que “en Bolivia ya no se puede gobernar sin los pueblos indígenas. No es un tema de opción ideológica, preferencia moral o benevolencia. Es un dato estructural de la realidad sociológica del país”. Recordó que desde el año 2000 los pueblos indígenas han transitado desde la construcción discursiva de la emancipación hasta definir quién será presidente.

García Linera explicó que en Bolivia se ha construido una “ciudadanía plurinacional” desde 2006, basada en el reconocimiento constitucional de las naciones indígenas, el reconocimiento de organizaciones sociales como sujetos colectivos de derecho, y la asignación de recursos públicos a la territorialidad indígena (un promedio del 35% de la inversión pública anual). “Hoy están movilizados para impedir que se la expropien”, afirmó.

Sobre el futuro del conflicto, señaló que si el gobierno comete “el error de una represión sangrienta, la sublevación pudiera expandirse aún más”. Si opta por el desgaste, “el movimiento ya ha llegado a un tope”. Para la renuncia del gobierno faltaría la adhesión de nuevos sectores urbanos, pero “después de casi 40 días de parálisis del transporte, caída de la actividad comercial, desabastecimiento y exorbitantes precios de los alimentos, es muy difícil que esa movilización urbana acontezca”.

Concluyó que “esta lucha por la defensa de la ciudadanía indígena conquistada recién se inicia. Se volverá a repetir por oleadas, según los ciclos agrícolas, hasta lograr algún tipo de inclusión o triunfo”. Advirtió que “la extirpación de la ciudadanía plurinacional requeriría la extinción de las naciones indígenas Aymara, Quechua, Guaraní, etc.” y que “antes de que esas amenazas se cumplan, será más fácil la disolución de las minorías oligárquicas”.

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