Por: Daniela Villarpando Stumpf
Ayer se presentaron los resultados del estudio «Los Valores Sociales en Bolivia», una investigación que se integra en la Encuesta Mundial de Valores (WVS). Estos datos nos permiten analizar tendencias comparativas globales; entre ellas resalta la preocupante brecha entre la valoración de la obediencia y la imaginación.
Ayer se presentaron los resultados del estudio «Los Valores Sociales en Bolivia», una investigación que se integra en la Encuesta Mundial de Valores (WVS). Estos datos nos permiten analizar tendencias comparativas globales; entre ellas resalta la preocupante brecha entre la valoración de la obediencia y la imaginación.
El hecho de que la obediencia (44,1%) triplique a la imaginación (11,6%) nos delata un modelo de crianza punitivo y conservador, orientado a fabricar personas funcionales antes que creativas. Priorizar la docilidad sobre la inventiva no es solo un rasgo tradicional, es un mecanismo de autocensura social que castiga el pensamiento divergente. Al relegar la imaginación al último lugar, Bolivia está hipotecando su capacidad de innovación.
Esta estructura de valores revela una «ética de la resignación» donde el esfuerzo en el trabajo crece (63,5%) pero la independencia se estanca. Se fomenta una cultura del sacrificio desprovista de todas las autonomías, donde la persona es valorada por su capacidad de acatar y producir, pero no por su facultad de transformar.
Que estos datos nos paren las orejas y repensemos nuestros modos de crianza, de ser y estar en el mundo; que los “buenos modales” sean parte de un cambio creativo y divergente, Saliéndose de los conforts conservadores.

