Eran las 10h30 de la mañana del miércoles 20 de marzo, cuando Ronald –que iba cargando un saquillo de yute– levantó su brazo para parar un taxi y trasladarse de la zona de San Antonio al Parque Bolívar en Sucre. En ese momento no se le pasó por la cabeza los acontecimientos que le llevarían a la cárcel meses después.
Esa mañana, inició una charla con el taxista que le respondió a sus comentarios. Hablaron por un rato y con su acento tarijeño logró entablar una conversación fluida. Cuando la charla parecía amigable, Ronald le ofreció un producto a un precio irrechazable: Siete bidones de aceite de auto a Bs 600. Justamente los que llevaba en el saco de yute.
En ese momento, Ronald cometió el error de un delincuente amateur: le dió al taxista su número de telefónico real. “seguiremos en contacto” acordaron entonces.
Un mes después, el 21 de abril, el taxista se disponía a hacer el mantenimiento de su vehículo cuando abrió el primer bidón de aceite y descubrió que era un producto alterado. abrió el siguiente, y el siguiente y todos eran aceites mezclados con agua.
Pero no se quedó con los brazos cruzados, probó llamar al número y por supuesto estaba bloqueado. Pero daba un primer indicio: Era su número real.
Entonces, planificó junto a su hermano un “operativo” para atraparlo. De otro número –del hermano del taxista– lo llamaron para pedir más aceite y Ronald mordió el anzuelo.
Quizás en ese momento, Ronald pensó que su nueva fórmula si funcionaba, que había conseguido un nuevo invento que revolucionará la lubricación de motores.
Se puso creativo y preparó 11 bidones más: echó un poco de aceite con su mano derecha para luego rellenar con agua. Ni siquiera la muy sospechosa hora de entrega, frenó la aspiración de Ronald por entrar al negocio y llegó puntual a las 12h30 de la medianoche cargando dos sacos de yute con los bidones del “aceite” recién preparados con su fórmula.
Entonces los hermanos lo abordaron, lo detuvieron y llamaron a la policía. Según el reporte oficial, la aprehensión se hizo a las 12h40 de la madrugada.
La policía, reveló entonces que Ronald usaba envases de marcas reconocidas en el mercado. Fue puesto a disposición de la Fiscalía, donde a través de la transacción sus captores devolvió una suma de dinero que nunca se reveló, pero que le permitió evadir la justicia. Las autoridades ya advirtieron que Ronald fue descubierto con el mismo modus operandi, estafando a conductores de otros departamentos.
Si en alguna parte del país, hay una universidad de delincuentes, Ronaldo seguramente reprobó una de las materias más importantes: Anonimato.
El arresto puede que haya generado una molestia en la familia de Ronald y particularmente en su madre Dorotea que vive en Tarija.
La mañana del 26 de mayo, día antes del día de la madre, Ronald –completamente desconectado de la realidad– se puso su gorro gris con orejeras y decidió hacerle a su madre un singular regalo. Mientras la ciudad recuperaba su cotidianidad luego de las fiestas del 25 Mayo, Ronald se acercó a la zona del Mercado Campesino y secuestró a Methabel, la hija de una comerciante que la había perdido de vista por unos minutos.
Ronald permaneció con la pequeña por un breve tiempo en la habitación B5 de la residencial G.S. en inmediaciones de la Terminal de Sucre, donde se registró con su nombre real y luego la llevó a Potosí en un expreso, evadiendo controles de seguridad, según la información que maneja la policía.
El 27 de mayo, Ronald llegó hasta la casa de su madre en Tarija y le dijo: “Te he traído como regalo del día de la madre a esta niña, para que no estés sola” y le presentó a la pequeña.
En la mente de Ronald, devolverle a su madre, la hija que perdió hace mucho tiempo, era un acto noble y digno regalo por su día. Nunca dimensionó la magnitud del problema en el que se estaba metiendo.
Dos días después la noticia colmó los titulares de los principales medios de comunicación de la capital y del país. La foto de la pequeña aparecía en todas las redes sociales y Ronald comenzó a sentir la presión social.
A las 11h18 del 28 de mayo, Dorotea se comunicó con el número de referencia que aparecía en los reiterativos avisos de desaparición emitidos por las autoridades. La mujer de 64 años, pensó que su anonimato permanecería intacto si llamaba con número privado. Marcó #31# seguido del número de la defensoría y habló con los responsables ediles.
“La niña está bien, no se preocupen”, les dijo e intentó despistar a las autoridades, les contó que la llevaron a la comunidad de Uyuni y que sería dirigida a Sucre al día siguiente.
Más tarde, luego del medio día a las 13h37, la cosa comenzaba a ponerse tensa, una marcha había recorrido la ciudad y la fotografía de la madre reclamando por la reacción tardía de la Defensoría y la Fiscalía se hacía viral en las redes. Entonces Dorotea volvió a llamar al número de la Defensoría y cambió la ubicación de la devolución de la menor: Potosí, en Radio Kollasuyo.
El 28 de mayo, Ronald volvió a Potosí con la niña en circunstancias que todavía se investigan. Evaluó la entrega y prefirió intentar movimientos que despiten a las autoridades policiales que ya se encontraban en la Villa Imperial, específicamente en Radio Kollasuyo.
Ronald decidió entonces dar diferentes ubicaciones de entrega, lo que obligó a las autoridades a repartirse en distintas direcciones.
Poco antes de las 10h00 de la mañana una comerciante de comida del Puente San Roque en Potosí, aceptaba cuidar por unos breves momentos a la sobrina de un joven que la dejó, prometiendo que en unos minutos llegarían sus padres, acto seguido tomó un rumbo desconocido y no lo volvieron a ver más.
Pocos minutos después, la policía encontró a la inocente niña quien les saludó con la palma abierta, estaba en la puerta de una caseta cerrada al lado de una bolsa negra que parecía ser un juguete.
El número de celular del que llamó Dorotea a la defensoría, fue ubicado con facilidad. Las empresas telefónicas proporcionaron a la policía dos datos importantes. El número de celular del que se hizo la llamada privada y los números con los que mantuvo contacto desde el día del secuestro. Con ambos datos, se conoció que Ronald había estado en el mercado Campesino en Sucre el 26 de mayo, luego en Tarija y en Potosí días después.
Pronto la policía se comunicó con Dorotea, quien hizo su primera confesión sobre la identidad del secuestrador: “fue mi hijo”, les dijo y contó cómo Ronald llevó a la pequeña hasta Tarija.
Sin un lugar concreto donde ir, el 7 de junio a medio día Dorotea fue aprehendida por la policía en su domicilio del barrio 3 de Mayo en Tarija. Día antes Inteligencia de la Policía le había hecho un seguimiento minucioso.
Mientras tanto, Ronald fue rastreado por su teléfono –registrado a nombre de otra persona– hasta la zona Mecánicos y Las Rosas, un conocido lugar de damas de compañía de la capital potosina, pero no fue encontrado allí.
Con la información de otros datos, finalmente Ronald cayó en Oruro el mismo 7 de junio. Seguía llevando puesto el curioso gorro gris con orejeras.
Al día siguiente, luego de las 9h00 de la noche, Ronal pasó con el número 4, un desfile identificativo junto a otras tres personas en Sucre. La comerciante del Puente San Roque que aceptó cuidar a la niña lo reconoció, dando certeza a la policía de su autoría.
El domingo 9 de junio, la justicia determinó detención preventiva para Ronald en el penal de San Roque por 6 meses. Mientras que su madre Dorotea recibió la detención domiciliaria con resguardo policial en su casa en Tarija.
EN LA PSICOLOGÍA
Ronald exhibe características de un delincuente amateur con una notable falta de planificación y comprensión de las implicaciones de sus acciones. Sus decisiones están marcadas por una desconexión significativa de la realidad y posibles problemas psicológicos subyacentes. La intervención de Dorotea, aunque inicialmente colaborativa, finalmente reconoce la gravedad de la situación, destacando un conflicto interno entre la protección de su hijo y el cumplimiento de la ley.